SALUD MENTAL EN DESASTRES: ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA ATENCIÓN DE SALUD MENTAL EN DESASTRES
Durante la década de los años 60, 70 y 80
La realidad en América consistía en proveer ayuda
humanitaria si un desastre ocurría pero de una forma improvisada y con falta de
coordinación. El tema de la salud mental era poco reconocida y las prioridades
pasaban por otro eje. Tradicionalmente se ha brindado una atención más
detallada solo al aspecto Físico y Sociales.
Los
programas de Salud en Desastres se han dirigido básicamente a la atención médica
inmediata. Problemas de:
·
Las
enfermedades transmisibles,
·
agua,
saneamiento ambiental, así como a la infraestructura sanitaria
El
modelo predominante era biomédico con énfasis en:
·
La
identificación de síntomas,
·
medicación,
·
hospitalización.
Los diferentes sectores responsables o de socorro
competían en vez de cooperar. La falta e coordinación repercutía en la ayuda
técnica. Se observa un paulatino cambio y la intención de superar el Criterio
Curativo Asistencialista. En la medida en que este paradigma de la atención
sanitaria en los desastres ha ido cambiando los problemas de salud mental se comienzan
a abordar de forma integral y comunitaria.
Desde
1977 Brownstone y colaboradores propusieron que se considerara a los aspectos
de salud mental la misma importancia que se le brindaba a la atención física de
las víctimas de desastres. Se produce en la década del 90 una comprensión de la
importancia de esta problemática y de la necesidad de abordaje. Se comienza a
reconocer el componente psicológico en las estrategias de intervención y se
fortalece el concepto de Gestión de Riesgo. También se desmedicaliza el problema,
para abordarlo desde la propia comunidad.
En
los últimos años se ha comenzado a mostrar atención al componente psicosocial
que siempre está presente. Además de los desastres naturales, debemos
considerar los efectos psicosociales de la violencia social masiva, guerras,
atentados y todas las nuevas formas de violencia. Todo ello ha provocado y
provoca un gran impacto en la salud mental de las poblaciones afectadas.
La
Declaración de Caracas 1991 y posteriores resoluciones del consejo Directivo de
la OPS 1977 y 2000 enfatizan el desarrollo de servicios de salud mental de base
comunitaria
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